Vigía del idioma
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La ciencia en nuestro idioma
lunes, 14 diciembre 2009

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Autor: El Castellano.org
Se estima que los hispanoparlantes regados por todos los rincones del planeta suman aproximadamente 500 millones, y que los internautas que hacen uso del castellano como lengua principal son aproximadamente 130 millones.
Por eso el español se reconoce como el cuarto idioma más recurrente en el mundo, después del chino, inglés e indio, en cuanto a cantidad de usuarios se refiere, pero por extensión y diversidad, la lengua española es el segundo idioma que más se estudia, luego del inglés.
El Instituto Cervantes estima que existen alrededor de 15 millones de estudiantes de español a lo largo de una centena de países, labor que el propio instituto ha apuntalado instalando gigantescas sedes dotadas de bibliotecas, espacios de exposición y aulas en ciudades ubicadas en ciudades aparentemente lejanas al idioma de Miguel de Cervantes y Saavedra: Beijing, Tokio, Kuala Lumpur, Yakarta, Beirut, Nueva Delhi.
Pero el empleo del español como vehículo de mensajes científicos y su rol particular en la llamada sociedad del conocimiento parece ser menos relevante, de ahí que el Instituto Cervantes se haya dado a la tarea de reunir a científicos, filósofos, ingenieros y filólogos para crear el volumen El español, lengua para la ciencia y la tecnología, donde se "examina las perspectivas del patrimonio del español en los ámbitos de la ciencia y la tecnología, planteando las necesidades de difusión que el idioma requiere para consolidarse como una lengua de conocimiento adaptada a los avances en estos campos".
¿Y si el español fuera visible?
Alguna vez el fisiólogo mexicano Ruy Pérez Tamayo lanzó el siguiente cuestionamiento: "¿qué pasaría si todos los países de habla hispana nos reuniéramos para publicar una sola revista científica general en español, como son Science o Nature en inglés?". Y es que lo más frecuente es que los científicos hispanoparlantes reserven sus trabajos más originales —aquellos que llamados papers— para enviarlos a revistas de habla inglesa, y aquellos menos contundentes o con resultados aún inciertos, para las publicaciones en español.
Ante esa realidad el Instituto Cervantes propone intensificar la docencia del español científico y técnico, así como desarrollar talleres constantes de divulgación científica en castellano, para fortalecer algunos aspectos esenciales: la cultura científica en lengua española y sus implicaciones en la vida social; la gestión del valor económico del español y su presencia en Internet; el léxico de la comunicación técnica: la unión y derivación entre el vocabulario general y el de especialidad y el empleo creciente de anglicismos; el papel de las revistas científicas en español como instrumento de divulgación internacional; y las vías de actuación para el fomento y difusión del español científico técnico.
Para el historiador mexicano Elías Trabulse “a una comunidad científica la definen tanto sus producciones como sus lecturas”. Para simple muestra basta recordar que el físico Murray Gell-Mann eligió la palabra quark para nombrar a las partículas elementales que él descubriera a finales del siglo XX.
Esta palabra inventada la extrajo de la novela Finnegans Wake de James Joyce: "three quarks for Muster Mark! / Sure he has not got much of a bark / And sure any he has it’s all beside the mark" (afirma el traductor Antonio Castro Leal que "Finnegans Wake es un libro intraducible… y es que las palabras de un idioma llevan en su seno todo un pasado recóndito que es el que, con una magia maravillosa, extraía Joyce de las palabras inglesas. Pero como el pasado inmemorial de cada lengua es distinto, lo mismo que el pasado de cada raza, es imposible extraer la misma sustancia de las palabras de otra lengua").
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